Adoración en crisis

Adoración en crisis

Dr. Peter Masters

Nuestro enfoque en la adoración es, sin duda alguna, el problema más importante que confrontan las iglesias bíblicas de hoy en día, y aquí esta el porqué.

La adoración está realmente en crisis. Un nuevo estilo de alabanza se ha filtrado en la vida evangélica, sacudiendo hasta las mismas bases, conceptos y actitudes tradicionales. El estilo de adoración seguido a través de toda la historia de las iglesias que sí creen y obedecen la Biblia ha sido dejado al margen; y ¿por qué no?, preguntan algunos jóvenes. ¿Qué problema hay con las bandas de música contemporáneas? ¿Acaso no hay todo tipo de instrumentos, incluyendo los de percusión, en los Salmos? ¿Acaso no se bailaba en la adoración en los tiempos bíblicos? ¿Acaso Dios no es el mismo ayer, hoy y por los siglos? ¿Por qué tendríamos que estar atados a una cultura victoriana triste en nuestra alabanza a Dios?

El propósito de este artículo es contestar tales preguntas y también enfocarse en los cuatro grandes pilares de la adoración, que son principios que la Biblia enfatiza. ¿Tenemos en cuenta estos principios cuando consideramos detenidamente nuestro estilo de adoración?

Muchos cristianos hoy en día quedan estupefactos cuando se les muestra lo que realmente pasaba en el Antiguo Testamento y se sienten engañados acerca de las ideas superficiales que les han sido vendidas. Se vuelven muy serios y profundamente pensativos al escuchar las definiciones de adoración dadas por el Salvador y al ver todas las instrucciones prácticas de las epístolas.

Nuestro enfoque en la adoración es indudablemente la cuestión más importante a la que se enfrentan las iglesias bíblicas hoy en día y aquí está el porqué. Se pueden observar seis nuevas maneras de adoración, sumamente erróneas y que normalmente están todas mezcladas. Existe la adoración de placer personal que pone el placer del que adora en primer lugar en vez de la voluntad de Dios. Existe también la adoración con lenguaje del mundo que toma prestada la música actual de entretenimiento del mundo incluyendo sus ritmos, instrumentos, acciones y también sus presentaciones de la farándula, haciendo caso omiso a todas las advertencias que la Biblia hace con respecto a amar el mundo. Existe la adoración estética que imagina que orquestas, bandas y solos instrumentales son expresiones reales de adoración como si Dios fuera adorado a través de estas cosas, mientras que Cristo dijo: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”. Existe también la adoración extática en la que la gente se lleva a sí misma a estados altamente emocionales y hasta semi-hipnóticos, mientras que las Escrituras dicen que siempre debemos orar y cantar con el entendimiento. Está también la adoración superficial que reduce los himnos a coros que transmiten una o dos ideas elementales porque no se desean temas espirituales. Existe la adoración informal en la que líderes casuales, bromistas y banales transforman las iglesias en salas de estar, privando así al Señor de dignidad, reverencia, grandeza y gloria.

Es como si las iglesias evangélicas hubieran contraído seis virus al mismo tiempo. ¿Cómo pueden sobrevivir las iglesias si su más grande ocupación está enferma? ¿Cómo puede el pueblo de Dios guardarse sin mancha del mundo, si el mundo se ha apoderado de la adoración? ¿Cómo podemos llamar almas perdidas fuera de este mundo, si somos iguales al mundo? La adoración es ciertamente el tema más importante del momento.

En este libro me gustaría dirigirme con gran respeto a compañeros pastores, y oficiales de iglesia que puedan tender a adoptar algunos de los elementos de la nueva adoración. Hay numerosos trabajadores del Evangelio con gran dedicación que han llegado a sentir que deben dar una aceptación cuidadosa parcial a esta tendencia. Tal vez no les llame la atención a ellos personalmente, pero se les ha persuadido de que su reserva es meramente una cuestión de gusto y cultura. Según la sabiduría de hoy en día, para atraer gente a reuniones de jóvenes y a las iglesias tenemos que emplear canciones contemporáneas de adoración.

Otra sugerencia es que deberíamos introducir algo de la nueva adoración junto con la vieja y así preservar lo mejor de la adoración tradicional bíblica. El problema con esta propuesta es que la vieja y la nueva representan conceptos de adoración opuestos, tal y como estas páginas mostrarán. La nueva viola todos los principios bíblicos recuperados en la Reforma. Aún en la historia de la adoración nueva se ven señales de alarma y eso demuestra el abismo entre la vieja y la nueva.

Ahora es bien conocido el desarrollo de la nueva adoración y puede ser aquí esbozado en unos cuantos enunciados. Comenzó principalmente en California a finales de la década de 1960, cuando muchos hippies vinieron a Cristo y llegaron a ser conocidos como “la gente de Jesús”. Adoraban con exactamente el mismo estilo de música que habían conocido como hippies. Varios movimientos cristianos fueron formados para motivarles, entre ellos los “Calvary Chapels”. Su adoración consistía mayoritariamente en un coro de una línea que se repetía sin fin. Las letras eran simples, mucho más simples que la de los coritos tradicionales para niños y los temas eran elementales también. Casi no había confesión de pecado o doctrina alguna. Por más bien intencionado que haya podido ser, la nueva adoración no fue moldeada o influenciada por ningún modelo bíblico de adoración, ni por las prácticas generales de iglesias bíblicas de aquella época.

Era una forma de adoración hecha y concebida en la matriz de la meditación mística, en la cual cientos y miles de hippies se sentaban en las laderas de California con los ojos cerrados, balanceándose hasta llegar a un estado extático que hacía eco a sus previas experiencias con drogas. Los ex-hippies llevaron a su nueva lealtad cristiana la misma búsqueda por emociones sensoriales a las cuales estaban acostumbrados y lamentablemente, ninguno de sus mentores cristianos les enseñó ninguna cosa mejor.

Este nuevo enfoque de la adoración avanzó rápidamente fusionándose con otra nueva corriente de música “cristiana” escrita por aquellos que simplemente querían que la música de adoración fuera como la música secular de rock. En otras palabras, estos últimos querían “divertirse” en un sentido mundano. Necesitamos estar conscientes de que esta nueva adoración se extendió a partir de estas dos bases, es decir el misticismo hippie y el “cristianismo” mundano.

Y esto fue inmediatamente incorporado al movimiento carismático, de donde han venido la gran mayoría de las canciones de adoración nuevas. Tal información de su contexto debería llevarnos a tener gran precaución, pero los principios bíblicos de las siguientes páginas deberían ser el factor decisivo en la cuestión de aceptar o rechazar estas nuevas alternativas. Ciertamente no podemos mezclar conceptos opuestos.